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domingo, 15 de noviembre de 2020

Caribidis y Escila

 Atrapada en una espiral, sólo veo espuma, terror y caos.

Tiento a la suerte, no obtengo respuesta alguna. Silencio.

Mi cuerpo arrastrado por un remolino, alzo la vista, escucho,

no sé qué es arriba y qué es abajo, el mundo está al revés, 

¿quién lo ha puesto así?

Dos monstruos, dos realidades

La espada y la pared, la muerte y la muerte.

Pide un deseo, el abismo está aquí. Latente.

Me atrae hacia sus entrañas y el infierno se abre.

Un soplo furtivo, la vela se apaga. Oscuridad.

Dos monstruos, dos perdiciones.

Un pensamiento absurdo, los dados lanzados a la par.

Una oportunidad en el horizonte.


sábado, 3 de marzo de 2018


Esos murmullos se cuelan entre mis dedos,
caen lágrimas hechas de pequeños cristales
que se unen para formar un río que me lleva
a donde los árboles nunca duermen.
Espero impaciente, pero la hora nunca llega.
Estampidas de sueños se avecinan, aunque
jamás se han marchado. Solamente esperaban
el momento idóneo para recobrar el aliento.
Nunca he dicho adiós, ni siquiera hasta luego,
la palabra “despedida” jamás ha descansado en mis labios.
Me pregunto hasta cuándo durará este sinsentido.
El mundo sigue girando bajo mis pies,
Mi cabeza continúa vagando sin rumbo
Y mi corazón… perdido, como siempre.

lunes, 15 de febrero de 2016

Se despertó de un sueño profundo...

Se despertó de un sueño profundo tan largo como una noche de invierno, rodeada de rosas que olían a melancolía. Sus labios resecos se separaron lentamente para dejar salir un quejido minúsculo, débil, con un regusto a polvo y a caducidad. Sus extremidades permanecían inertes, como los de una momia milenaria, pero su corazón latía vehemente atrapado en un cascarón que le venía pequeño. Sus ojos escudriñaban el techo abovedado  brillando de emoción, con la alegría de estar vivos de nuevo. Eran de un azul turquesa que helaba el alma de quienes los contemplaban por primera vez, con una fina línea acastañada en el iris. Sus cabellos negros se esparcían por el césped en múltiples direcciones, como serpientes que se arrastran en busca de una luz que les proporcione ese libre albedrío que tanto ansían. Parecía una eternidad el tiempo que había pasado desde que cerró los ojos por última vez, pero no se imaginaba que tan sólo un instante hace falta para perderse en ese remolino voraz que es el tiempo. Una lágrima fugitiva resbaló hasta morir en una de las rosas. Su mente había empezado a divagar, pero no logró encontrar ni un indicio de sus pensamientos, ni siquiera de los más insubstanciales. Trató de profundizar en sus emociones, sus recuerdos, pero no halló absolutamente nada. Había pasado tanto tiempo, que había olvidado cómo soñar.

domingo, 30 de agosto de 2015

Una analogía.

Los poemas son como el mar. Los hay rudos, desordenados, implacables por la dificultad de escudriñar su significado intrínseco, como un mar bravo. Otros son lisos, finos y vacíos de significado, como un mar en calma. Por último, están los que parecen toscos a primera vista pero, cuando te acercas a ellos, descubres que puedes deslizarte dócilmente a su merced y entresacar las maravillas que esconden, como el mar cuando produce sus suaves ondas a causa de la brisa matutina. Estos últimos son los más especiales y los más arduos de encontrar.

miércoles, 26 de agosto de 2015

De huidas, sueños y decisiones.

Busco desesperadamente un intento de fuga, un resquicio minúsculo que me haga desaparecer. Huir de estas cuatro paredes, volatilizarme como un copo de nieve  indefenso ante un rayo de sol. Como las lágrimas cuando deciden asomar y recorrer la blanca piel de mis mejillas. Vivo entre el miedo a despegar y las ansias de echar a volar. Indago mil maneras de perderme y encuentro mil formas de desesperación. Canto a la vida, a la libertad y a los sueños. Y despierto con ganas de comenzar algo nuevo. Un nuevo viaje, una nueva aventura.
Sucede que una niña nunca deja de serlo y que por mucho que lo intente su mente y alma no cambiarán su rumbo.  Los hados lo saben, ella lo sabe, su corazón también lo sabe. El problema es que ella sí quiere cambiar su rumbo, luchar por algo que se agita en su interior, en la fosa profunda que reside en su ser. Lograrlo o no lograrlo solo depende de sus decisiones.

Y las decisiones nunca son fáciles de tomar.


martes, 7 de julio de 2015

Que el destino elija por mí.


He contado los pasos que tendría que dar para perderme. Perderme para encontrarme, para llegar al punto en el que todos mis caminos se crucen. Para llegar al día en el que diga: Sí, este es el tiempo y el momento correctos. Y desde entonces, simplemente dejarme llevar. Deslizarme a toda velocidad por un tobogán con todas las cartas puestas sobre la mesa. No, mejor coger todas las cartas y lanzarlas por los aires. Mezclarlas unas con otras y echar a correr. Que el viento me lleve y que el destino elija por mí.

miércoles, 10 de junio de 2015

Inefable sensación.


Solamente un sentimiento: ¿Amor? No, algo que pueda producir una ciudad, una región, en definitiva, un lugar, no puede ser amor. Tiene que ser algo más, algo que va más allá de lo imaginable, algo que no se puede describir con palabras. Es un sentimiento que te hace recordar, que te evoca momentos, épocas, que nunca has vivido. Es una sensación de vacío que a la vez te llena de emoción cada vez que tu pensamiento te traslada a miles de kilómetros a aquel lugar donde sabes que te sentirás a gusto, como si hubieras nacido para pisar esa tierra llena de sabiduría, historias y promesas. No es nada fácil sentir algo así. Te pierdes en ensoñaciones, trazas con el dedo rutas imaginarias, observas con vehemencia un cielo que no es el tuyo; una roca, una columna, un trozo de mármol, son sólo trozos de un puzzle que construyes en tu mente, soñando con que algún día, quizás no muy lejano, lo podrás ver con tus propios ojos absortos y petrificados ante las maravillas que se alzan frente a ellos.

jueves, 28 de agosto de 2014

Mariposas

La vida de una mariposa es muy corta. Puede durar varios meses o incluso varios días. Es sorprendente lo que hace la naturaleza, que algo tan bello sea tan breve. Para una mariposa, los minutos son años. Tiene que aprovecharlos al máximo, vivir toda una vida en muy poco tiempo para que su venida al mundo no haya sido en vano.
Y luego estamos nosotros, seres inmensos y longevos que desperdiciamos minutos de nuestra vida sin pararnos a pensar por un momento si lo que estamos haciendo valdrá la pena. Ya tendremos después todo el tiempo del mundo para arrepentirnos y empezar a actuar con cabeza. Pero, ¿y si fuéramos una mariposa? Nuestra vida cobraría importancia y entonces sí que valoraríamos cada segundo, cada minuto, cada hora. Intentaríamos aprovecharlos lo mejor que pudiéramos.

Pero no somos mariposas, ¿verdad? Simplemente somos seres superficiales y vacíos, en un mundo demasiado pequeño para nuestro enorme ego.

viernes, 18 de julio de 2014

Qué bien se está cuando disfrutas de la vida. Sentir la brisa acariciándote la cara, contemplar la puesta de sol o las estrellas. Pasar el rato con tu familia, salir con tus amigos. Leer un buen libro. Reír hasta que te duela la mandíbula. Mojar los pies en el mar o tomar el sol en la arena. O simplemente cerrar los ojos y dejar volar tu imaginación. Cada cosa que te hace sentir bien está a un paso de distancia. Tan cerca, que a veces pasan desapercibidas. Te sientes como en una nube, evitando apoyar los pies en el suelo para no volver a caer en la misma desidia y melancolía de siempre. Te centras en esos pequeños detalles que te hacen ser feliz y no dudas en dejarte llevar y olvidarte de todo lo demás. Porque la vida está para vivirla y disfrutarla, ¿verdad?

sábado, 26 de abril de 2014

Un mensaje optimista en un mundo negro.

El mundo se cae a pedazos.

Cuando miro a mi alrededor todo lo que veo es guerra, destrucción y conflictos, todo eso producto del odio que se encierra en lo más profundo de nuestro ser. No me gusta vivir en un mundo así, ¿acaso lo merecemos? ¿Merecemos una vida de sufrimiento y miedo? No voy a decir que todos somos iguales, porque es mentira, cada uno es diferente y eso es lo que nos hace especiales. Pero lo que sí es verdad, es que tenemos el mismo derecho a vivir felices. Debemos aprender a convivir, pero eso será imposible si nos empeñamos en ver el lado oscuro de las cosas, lo peor de todos nosotros y en creernos superiores. Un soldado no es más que un humilde campesino. Un presidente no es más que el pueblo. No es tan difícil de entender. Pero, afortunadamente, siempre hay pequeños detalles que me animan seguir creyendo en un mundo mejor, por muy utópico que suene. No voy a darme por vencida creyendo que todo se va a pique, porque eso es demasiado fácil. Y si todos ponemos un poco de nuestra parte sonriendo, ayudando, obrando bien y dejando el odio a un lado, puede que el mundo no sea tan malo como parece.

sábado, 28 de diciembre de 2013

El mundo al revés.

No muy lejos de aquí existe un mundo en el que todo está del revés. La lluvia cae hacia arriba, en invierno hace calor y en verano hace frío, el agua no moja, el fuego no quema  y los animales salvajes no se esconden. En cuanto a las personas que habitan en ese peculiar mundo, ríen cuando están tristes y lloran cuando están felices, caminan por el techo de sus casas, duermen de día, beben cuando tienen hambre y comen cuando tienen sed. Pero entre todas aquellas gentes extrañas, hay una pequeña niña que es diferente a los demás. Ella siente que no pertenece a ese mundo porque todo lo que hace es lo contrario a lo que hacen los demás. Por eso, los niños de su edad la miran raro y no quieren jugar con ella. No entiende qué le pasa, cada día de su (de momento) corta vida se pregunta: "¿Por qué?" Lo que no sabe, es que hay un lugar en el que todas las personas son como ella. No sabe que, quizás ella no es rara, a lo mejor lo que pasa es que no está en el lugar adecuado. No está sola, solo tiene que buscar.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Memorias de la vejez.

El pasar de los años nunca resulta fácil. Y lo digo yo, que he visto nacer y morir a personas muy importantes en mi vida, he recorrido todos los caminos habidos y por haber, he sentido el sol acariciando mi piel y el frío helarme la sangre. He conocido los peores infortunios que un hombre jamás ha podido experimentar y también las mayores alegrías. Y ahora que mi vida está llegando a su fin, ahora que la arrugas cubren cada tramo de mi desgastada piel y mis fuerzas comienzan a flaquear, ahora es cuando pregunto ¿Y todo esto, de qué me ha servido? ¿De qué sirve haber tenido una vida larga y satisfactoria si de todas formas morirás solo y desgraciado? ¿Qué he aprendido en todos estos años? Porque, al fin y al cabo, sigo sin saber lo que la vida significa. Sigo sin conocer los misterios que esconde el mundo. Sigo como al principio, creyendo saberlo todo pero sabiendo nada en realidad. El ciclo de la vida, sí. Naces, vives y, al final, mueres. Te vas sin saber a qué has venido. Así ha sido siempre y así seguirá siendo. 


domingo, 3 de noviembre de 2013

Buscando...

Vagamos por la inmensidad del mundo en busca de algo que nos haga sentirnos vivos. No sabemos el qué pero sabemos que hay algo. Algo que necesitamos, algo que nos complementa y que forma parte de nosotros, como los árboles y sus frutos, como las estrellas y la luna. Pasamos toda nuestra vida buscándolo, pero al final, ¿lo encontramos? ¿O creemos que lo hemos encontrado pero en realidad, no es así? ¿Es un engaño, producto de nuestra imaginación? ¿O es real? Dicen que el que busca encuentra, pero no siempre es así. A veces, la soledad es más fuerte que el deseo de seguir buscando. Nos perdemos entre las olas de la nada, escrutando el horizonte, esperando impacientes la llegada de ese algo que nos haga despertar pero siempre con un vacío en nuestro corazón que se niega a dejarse llenar. 

domingo, 27 de octubre de 2013

Burbujas.

Miles de burbujas transparentes flotan en el aire, yendo de aquí para allá, danzando sobre nuestras cabezas. En el interior de cada una de ellas hay un sueño, una meta, una ilusión. Están tan cerca de nosotros que podemos alzar una mano y acariciarlas, pero si lo hacemos, explotarán ante nuestras narices y lo que guardan desaparecerá para siempre. Permanecen ahí, inalcanzables y alcanzables a la vez. Todas las cosas que anhelamos están a un paso de nosotros, alzamos la mirada y las vemos. Pero las burbujas deben permanecer así, intactas, a la espera del momento adecuado para regalarnos sus preciadas posesiones que protegen con tanto cuidado.


martes, 15 de octubre de 2013

¿Sueño o realidad?

Vivo en la línea que divide el sueño de la realidad. Viajo por mundos desconocidos creados por mi mente, donde no importa lo que haga porque no es real, tan sólo es una ilusión en la que me gusta refugiarme de vez en cuando. Cierro los ojos y no veo oscuridad, sino otra vida distinta a la mía. Pero de pronto doy media vuelta y la realidad choca contra mí, rompiéndome en miles de pedacitos de cristal.

Siempre intentamos huir de la realidad. Preferimos refugiarnos en los sueños, nos sentimos más seguros. En ese lugar tan anhelado podemos hacer todo lo que queramos, sin que nadie nos juzgue. Podemos ser quienes nosotros queramos ser y tirarnos al vacío sin sufrir ningún daño. El tiempo parece detenerse y la suerte está a nuestro favor.  A veces, incluso nos sumergimos demasiado en ellos. Tanto, que olvidamos la diferencia entre sueño y realidad. Olvidamos que es tan sólo una ilusión creada por nosotros, para ser felices y para olvidarnos de los problemas. Es como si viviéramos en el fondo del océano, perdiéndonos en las profundidades y alejándonos del resto del mundo, moviendo las piernas y brazos para hundirnos cada vez más. Y nos gusta ese nuevo mundo. Hay cosas que en el mundo exterior no existen. Podemos lograr todo lo que nos propongamos y siempre ganamos. Pero tarde temprano tenemos que subir a la superficie para coger aire y volver a ver más allá de nuestras narices, la vida que nos estamos perdiendo mientras vagamos en el profundo abismo bajo el mar. Es verdad que la realidad no siempre es como quisiéramos, por eso tendemos a evitarla. Pero cuanto más nos alejamos de ella, más duro se nos hace afrontarla.  Sería bonito pensar que la vida es un sueño y que nosotros elegimos nuestro destino, sin temer lo que nos pueda ocurrir en el camino.

martes, 1 de octubre de 2013

Qué bonito es caer.

Qué bonito es caer. La lluvia, las hojas de los árboles en otoño, los finos copos de nieve en invierno, las estrellas fugaces. Todos caen y jamás se levantan. Caen deslizándose con gracia o precipitándose al vacío, y nunca alzan la vista atrás. Caen delicadamente o con fuerza y nosotros observamos con atención su feliz y esperada trayectoria hasta el duro suelo. ¿Se arrepienten alguna vez? No. Nos saludan y descienden sobre nuestras cabezas, susurrándonos y acariciándonos, prometiéndonos que todo irá bien. “No temáis” nos dicen. “Las caídas no siempre son malas. Pueden ayudaros a aprender y a volver a empezar de cero”. Nosotros asentimos y ellos continúan su viaje. 
A veces, nos sentamos y esperamos a que todo se solucione solo, o a que alguien lo solucione por nosotros. Tenemos miedo a fallar, miedo a caer. Pero una cosa es segura, si caemos, volveremos a levantarnos, y si no, sonreiremos al mundo y gritaremos fuerte, muy fuerte que no tememos a nada. Ni siquiera a la pétrea superficie que nos espera tras nuestra caída. Seguiremos adelante y continuaremos nuestro camino en el suelo hasta que las cosas vayan mejor.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Así transcurre mi vida...

Tumbada sobre la fina y verde hierba y con mis ojos cerrados, mi mente se aleja sin apenas notarlo y divaga entre mis pensamientos. Vuelvo atrás en el tiempo y recuerdo mis días felices de la niñez, los amigos que dejé atrás y los que siguen a mi lado, las tardes de juegos e ilusiones. Luego vuelvo al presente, y camino en silencio entre las sombras de mi mente. Pienso en palabras, sueños y esperanzas. En escapadas a la luz de la luna, juegos a media noche y paseos a media tarde. Trato de enfocarme en este instante, tumbada sobre la hierba. Oigo el melódico canto de los pájaros, siento el viento recorrer mi fría piel y noto mi cuerpo estremecerse. Acaricio el verde pasto con mis dedos y disfruto del cosquilleo que me produce. Por último, mi mente viaja al futuro. Imagino mi vida dentro de unos años, viajando de aquí para allá, conociendo el mundo, viviendo emocionantes experiencias y coleccionando recuerdos en un rincón de mi memoria. Alcanzando mi meta y cumpliendo mis sueños. Así transcurre mi vida, imaginando y pensando, construyendo efímeros castillos en el aire tumbada sobre la fina y verde hierba.
                                                                 
                                                      

lunes, 16 de septiembre de 2013

A través de los años.

Si alguna vez te encuentras un objeto muy antiguo, ya sea de hace  50 años o 500, no tendrás en tus manos una simple “cosa vieja”,  sino el vestigio de una historia, una vida, un sentimiento, un sueño. Las antigüedades tienen más valor de lo que nos imaginamos. Ellas nos hablan, nos cuentan historias. Pero no es tan fácil, no abren su boca y empiezan a hablar de repente, no. Lo que sea que nos quieran contar, tenemos que descubrirlo nosotros mismos. Y eso es lo divertido. Podemos dejar volar nuestra imaginación y tratar de descubrir de quién era ese objeto, cómo lo consiguió, qué hizo con él, de qué época era o dónde se fabricó y con qué fin. Cada objeto tiene su historia y cada persona deja un trocito de su esencia en ese objeto. Por eso me gustan tanto las cosas antiguas, y por eso nunca debemos olvidarnos de ellas, porque si lo hacemos, las personas que nos dejaron también quedarán en el olvido.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Pequeñas cosas.

Una de las imágenes más bellas que mis ojos han tenido el privilegio de observar es luz del sol reflejada en las tranquilas aguas de un mar adormecido. Pequeñas partículas doradas danzando sobre un fino e inmenso lienzo transparente. Cada mañana me levanto al alba con ese recuerdo en mi mente y me dirijo a la ventana para verlo de nuevo. Los tonos rosados y blanquecinos del amanecer encajan a la perfección con la luminosidad de las aguas claras y puras. De repente, una gaviota surca el cielo para darle la bienvenida al sol y más tarde las demás se unen a su canto de buenos días mientras se zambullen en el mar para pescar, si tienen suerte, un buen desayuno. Desde mi ventana lo observo todo con una fascinante curiosidad y mis ojos sonríen asombrados ante el maravilloso espectáculo al que sólo yo tengo el placer de disfrutar. Entonces cierro los ojos y trato de que esa imagen se me quede grabada profundamente en mi cabeza para así cuando me vaya a dormir la lleve conmigo en mis sueños.

Disfrutar de las pequeñas cosas es lo que de verdad nos hace felices.


martes, 3 de septiembre de 2013

La chica que perdió el norte.

Soy la chica que perdió el norte. Soy una persona normal y corriente, eso sí, pero que ha perdido el norte y no es capaz de encontrarlo por más que lo busque. Ya no sé a dónde voy, ni cuál es mi meta. Ya no sé qué es lo que se supone que debo hacer para seguir adelante. Ya no sé dónde está el norte y dónde el sur, dónde está el este y dónde está el oeste. Ya no sé nada.  No sé si me estoy volviendo loca o si esto es sólo un sueño. No sé si debo continuar caminando o detenerme a mitad del camino. No sé qué busco ni sé dónde buscar. No sé cuál es mi nombre ni cuál es mi misión. Estoy perdida en medio de mi propio desorden. Quizás deba seguir buscando, pero no tengo el valor de hacerlo. Puede que me quede en esta situación para siempre;  desorientada, confundida y perdida. Porque soy la chica que perdió el norte y que quiere encontrarlo, pero para eso, lo único que necesita es una pizca de confianza y un poco fe en sí misma.