Qué bien se está cuando disfrutas de la vida. Sentir la
brisa acariciándote la cara, contemplar la puesta de sol o las estrellas. Pasar
el rato con tu familia, salir con tus amigos. Leer un buen libro. Reír hasta
que te duela la mandíbula. Mojar los pies en el mar o tomar el sol en la arena.
O simplemente cerrar los ojos y dejar volar tu imaginación. Cada cosa que te
hace sentir bien está a un paso de distancia. Tan cerca, que a veces pasan
desapercibidas. Te sientes como en una nube, evitando apoyar los pies en el
suelo para no volver a caer en la misma desidia y melancolía de siempre. Te
centras en esos pequeños detalles que te hacen ser feliz y no dudas en dejarte
llevar y olvidarte de todo lo demás. Porque la vida está para vivirla y
disfrutarla, ¿verdad?
