martes, 24 de junio de 2014

Ojos cerrados, mente abierta.

A veces abrimos tanto los ojos que no nos damos cuenta de que nuestra mente está cerrada. Nos aferramos a una verdad que ni siquiera sabemos si es cierta, pero nosotros la defendemos a capa y espada, olvidándonos por un momento de que puede haber otras posibilidades y de que nadie, absolutamente nadie, posee la verdad absoluta. A veces es bueno alejarse un poco de la razón y dejarse guiar por nuestros instintos, por lo que creemos y por lo que podría ser. Dejar a un lado todo lo que creemos saber y aventurarnos a conocer otros caminos. ¿Qué hay de malo en eso? ¿Qué hay de malo en querer buscar otra manera de entender todo lo que nos rodea? No solo debemos guiarnos por nuestros cinco sentidos, sino también por nuestro corazón.

"El mundo está lleno de enigmas, ¿Por qué entonces no creer en ellos en vez de esperar a verlos?" - Los tres nombres del lobo, Lola P. Nieva.