Hoy hace un año que me decidí a crear un blog. Un año en el
que deposité todos mis pensamientos, reflexiones, poemas, relatos… en este
pequeño rincón. Al principio no pensé que fuese a darle mucha utilidad,
simplemente nació como un mero entretenimiento, pero en todo este tiempo se ha
convertido en algo más. En mi santuario, en mi puerta de escape, en mi “País de las
Maravillas”. Y espero que siga en pie muchos años más, para ayudarme a sacar
todo lo que llevo en mi interior y a mostrárselo al mundo. Felicidades, pequeño.
Temblando me hallo como si de cristales de hielo estuviera mi cuerpo formado.
Mis párpados se cierran del cansancio pero el sueño no quiere hacerse dueño de
mí por el momento. Mi piel es blanca, mi pelo también está perdiendo el color.
Mis labios se tornan de un color morado, mis músculos deciden permanecer
quietos, como estatuas de piedra. No puedo moverme, no puedo sentir, no puedo
casi respirar. La nieve que me rodea se va incrustando en mi piel. Ahora solo
queda esperar a que el sol salga de nuevo y yo vuelva otra vez a la vida. Pero
mientras, los días pasarán y yo no me daré cuenta. Estaré sumida en un profundo letargo
hasta el fin del helado invierno.
El viento llama a mi puerta. Veo cómo las pobres hojas de
los marchitos árboles sucumben bajo su fuerza arrasadora. Se oye un profundo murmullo
proveniente de ningún lugar y que se eleva poco a poco hasta parecer que
procede de las más remotas profundidades de una cueva. De vez en cuando, algún
desdichado caminante lucha ferozmente con su paraguas, que lentamente se retuerce
de dolor tras la rotura de uno de sus débiles huesos e intenta que el viento no
lo arrastre y lo destroce por el camino. Cuanto más potente es el viento, más
insignificante se vuelve el que se atreve a enfrentarse a su furia.
Vagamos
por la inmensidad del mundo en busca de algo que nos haga sentirnos vivos. No
sabemos el qué pero sabemos que hay algo. Algo que necesitamos, algo que nos
complementa y que forma parte de nosotros, como los árboles y sus frutos, como
las estrellas y la luna. Pasamos toda nuestra vida buscándolo, pero al final,
¿lo encontramos? ¿O creemos que lo hemos encontrado pero en realidad, no es
así? ¿Es un engaño, producto de nuestra imaginación? ¿O es real? Dicen que el
que busca encuentra, pero no siempre es así. A veces, la soledad es más fuerte
que el deseo de seguir buscando. Nos perdemos entre las olas de la nada,
escrutando el horizonte, esperando impacientes la llegada de ese algo que nos haga despertar pero siempre
con un vacío en nuestro corazón que se niega a dejarse llenar.