viernes, 27 de septiembre de 2013

Así transcurre mi vida...

Tumbada sobre la fina y verde hierba y con mis ojos cerrados, mi mente se aleja sin apenas notarlo y divaga entre mis pensamientos. Vuelvo atrás en el tiempo y recuerdo mis días felices de la niñez, los amigos que dejé atrás y los que siguen a mi lado, las tardes de juegos e ilusiones. Luego vuelvo al presente, y camino en silencio entre las sombras de mi mente. Pienso en palabras, sueños y esperanzas. En escapadas a la luz de la luna, juegos a media noche y paseos a media tarde. Trato de enfocarme en este instante, tumbada sobre la hierba. Oigo el melódico canto de los pájaros, siento el viento recorrer mi fría piel y noto mi cuerpo estremecerse. Acaricio el verde pasto con mis dedos y disfruto del cosquilleo que me produce. Por último, mi mente viaja al futuro. Imagino mi vida dentro de unos años, viajando de aquí para allá, conociendo el mundo, viviendo emocionantes experiencias y coleccionando recuerdos en un rincón de mi memoria. Alcanzando mi meta y cumpliendo mis sueños. Así transcurre mi vida, imaginando y pensando, construyendo efímeros castillos en el aire tumbada sobre la fina y verde hierba.
                                                                 
                                                      

jueves, 26 de septiembre de 2013

La lluvia.

La lluvia inunda las solitarias calles,
la gente no ríe, ni llora, ni sueña,
el silencio no huye, se queda
y el tiempo se para al instante.
Sólo yo río, y lloro, y sueño,
y disfruto el momento de ver
la lluvia caer y volver a encender
la luz de los ojos que poseo.



lunes, 23 de septiembre de 2013

Bienvenido, otoño.

Me encanta observar el delicado vaivén de las marchitas hojas al caer. Pasear entre los tonos pardos y anaranjados del paisaje y el olor de las castañas asadas recién hechas, aunque su sabor no sea de mi agrado. Me gusta caminar por el bosque con una cesta en mi mano y los ojos cargados de ilusión, buscando y recogiendo setas, aunque después no me las vaya a comer. Adoro el olor de la lluvia fresca y sentir aire frío que reaparece tras el calor sofocante de la estación que quedó atrás.
Te doy la bienvenida, otoño.



sábado, 21 de septiembre de 2013

La princesa loba.

El sol comenzaba a descender con lentitud para perderse finalmente en el lejano horizonte. Ella, como cada día desde que era niña, lo observaba desde la ventana de sus aposentos, pensando en lo hermoso que se veía el ocaso desde allí. Para ella, no era simplemente la habitual puesta de sol, sino que era el preludio a su momento favorito, cuando podía ser ella misma y su alma era libre por fin: la noche. Y justo esa misma noche, sería luna llena. Para cualquier persona normal, el plenilunio no tenía nada de especial, pero ella no era una persona normal. Ella tenía un secreto que guardaba profundamente en un rincón de su corazón, del que nadie sabía su existencia, ni siquiera sus padres. Impacientemente esperó a que el sol se pusiera por completo y, entonces, un manto de oscuridad cubrió totalmente el cielo. Las estrellas brillaban en lo alto, compitiendo por quien era la más luminosa y allí, en medio de todas ellas, con una tez blanquecina y con la forma de una circunferencia perfecta, estaba la luna. La muchacha se estremeció, ya empezaba a notar el cambio en su cuerpo. Sin perder tiempo, salió de su habitación y se dirigió a las escaleras de caracol que permitían bajar la torre en la que se encontraba. Sus pies descalzos se deslizaban por las frías baldosas y su camisón blanco como la nieve ondeaba con su paso acelerado.

Se podría decir, que la muchacha era una princesa. Igual que las de los cuentos de hadas, con su corona, con su castillo y con sus bonitos vestidos de seda y encaje. A pesar de su piel pálida y de sus profundos ojos negros, era una joven muy bella. Su cabello dorado caía en ondas sobre su espalada hasta la cintura y sus labios gruesos, su mirada reservada  y su pequeña y delicada nariz le daban a la princesa un toque sensual y especial que hacía que los hombres cayeran perdidamente enamorados de ella. 

Sin detenerse y lo más deprisa que pudo, salió al exterior. No tenía tiempo que perder, solo faltaban unos minutos para que el cambio se produjera. Se alejó  del castillo, adentrándose en el bosque. La brisa nocturna rozaba su piel y bailaba en su pelo y la luna era tan brillante que parecía que tenía luz propia. Un gran lago apareció entre los árboles, sus aguas eran tan oscuras como en ese momento lo era el cielo. La princesa se detuvo frente a él y esperó. En su interior sus músculos y huesos comenzaron a retorcerse  y a cambiar, un dolor insoportable inundó sus entrañas. Con un grito de dolor dobló las rodillas y cayó sobre la hierba. Alzó la cabeza para mirar a la luna y una sonrisa le cruzó el rostro. Era la hora. Comenzó a sentir un instinto animal que luchaba por salir al exterior y su alma se fundió con la naturaleza. El dolor se fue calmando poco a poco. Se notaba diferente. Era diferente. Lentamente se acercó al lago y contempló su reflejo. Lo que veía ya no era su rostro de princesa dulce y delicada. Se había convertido en lo que siempre había querido ser, desde que era una niña y comenzaron a ocurrirle los cambios. Pronto lo conseguiría, estaba cada vez más cerca. En los últimos meses había conseguido mantenerse con esa forma durante varios días tras la luna llena, corriendo por el bosque, sintiendo la tierra sobre sus pies, disfrutando de su libertad. Pronto podría quedarse así para siempre. Se olvidaría de los estúpidos bailes, las pedidas de matrimonio de los príncipes superficiales y de todas las cosas tontas de princesas. Echaría de menos a sus padres, eso sí, pero era el precio que debía pagar por conseguir lo que quería. Ya no tendría que preocuparse por cómo debía comportarse, hablar o vestirse. Sería ella misma. Levantó su hocico de nuevo a la luna llena y aulló. Ella era una princesa, pero no era como las demás. Era la princesa loba.

lunes, 16 de septiembre de 2013

A través de los años.

Si alguna vez te encuentras un objeto muy antiguo, ya sea de hace  50 años o 500, no tendrás en tus manos una simple “cosa vieja”,  sino el vestigio de una historia, una vida, un sentimiento, un sueño. Las antigüedades tienen más valor de lo que nos imaginamos. Ellas nos hablan, nos cuentan historias. Pero no es tan fácil, no abren su boca y empiezan a hablar de repente, no. Lo que sea que nos quieran contar, tenemos que descubrirlo nosotros mismos. Y eso es lo divertido. Podemos dejar volar nuestra imaginación y tratar de descubrir de quién era ese objeto, cómo lo consiguió, qué hizo con él, de qué época era o dónde se fabricó y con qué fin. Cada objeto tiene su historia y cada persona deja un trocito de su esencia en ese objeto. Por eso me gustan tanto las cosas antiguas, y por eso nunca debemos olvidarnos de ellas, porque si lo hacemos, las personas que nos dejaron también quedarán en el olvido.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Jardín olvidado.

Somos parte de un jardín olvidado
que dejó de florecer tiempo atrás,
cuando éramos simples extraños
y jugábamos a perder la razón.

Quizás el tiempo pone todo en su lugar
y el destino de ese preciado jardín
era perder su color y dejar de brillar.


lunes, 9 de septiembre de 2013

Pequeñas cosas.

Una de las imágenes más bellas que mis ojos han tenido el privilegio de observar es luz del sol reflejada en las tranquilas aguas de un mar adormecido. Pequeñas partículas doradas danzando sobre un fino e inmenso lienzo transparente. Cada mañana me levanto al alba con ese recuerdo en mi mente y me dirijo a la ventana para verlo de nuevo. Los tonos rosados y blanquecinos del amanecer encajan a la perfección con la luminosidad de las aguas claras y puras. De repente, una gaviota surca el cielo para darle la bienvenida al sol y más tarde las demás se unen a su canto de buenos días mientras se zambullen en el mar para pescar, si tienen suerte, un buen desayuno. Desde mi ventana lo observo todo con una fascinante curiosidad y mis ojos sonríen asombrados ante el maravilloso espectáculo al que sólo yo tengo el placer de disfrutar. Entonces cierro los ojos y trato de que esa imagen se me quede grabada profundamente en mi cabeza para así cuando me vaya a dormir la lleve conmigo en mis sueños.

Disfrutar de las pequeñas cosas es lo que de verdad nos hace felices.


martes, 3 de septiembre de 2013

La chica que perdió el norte.

Soy la chica que perdió el norte. Soy una persona normal y corriente, eso sí, pero que ha perdido el norte y no es capaz de encontrarlo por más que lo busque. Ya no sé a dónde voy, ni cuál es mi meta. Ya no sé qué es lo que se supone que debo hacer para seguir adelante. Ya no sé dónde está el norte y dónde el sur, dónde está el este y dónde está el oeste. Ya no sé nada.  No sé si me estoy volviendo loca o si esto es sólo un sueño. No sé si debo continuar caminando o detenerme a mitad del camino. No sé qué busco ni sé dónde buscar. No sé cuál es mi nombre ni cuál es mi misión. Estoy perdida en medio de mi propio desorden. Quizás deba seguir buscando, pero no tengo el valor de hacerlo. Puede que me quede en esta situación para siempre;  desorientada, confundida y perdida. Porque soy la chica que perdió el norte y que quiere encontrarlo, pero para eso, lo único que necesita es una pizca de confianza y un poco fe en sí misma.