Si alguna vez te encuentras un objeto muy antiguo, ya sea de
hace 50 años o 500, no tendrás en tus
manos una simple “cosa vieja”, sino el
vestigio de una historia, una vida, un sentimiento, un sueño. Las antigüedades
tienen más valor de lo que nos imaginamos. Ellas nos hablan, nos cuentan
historias. Pero no es tan fácil, no abren su boca y empiezan a hablar de
repente, no. Lo que sea que nos quieran contar, tenemos que descubrirlo
nosotros mismos. Y eso es lo divertido. Podemos dejar volar nuestra imaginación
y tratar de descubrir de quién era ese objeto, cómo lo consiguió, qué hizo con
él, de qué época era o dónde se fabricó y con qué fin. Cada objeto tiene su historia
y cada persona deja un trocito de su esencia en ese objeto. Por eso me gustan
tanto las cosas antiguas, y por eso nunca debemos olvidarnos de ellas, porque
si lo hacemos, las personas que nos dejaron también quedarán en el olvido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario