lunes, 16 de septiembre de 2013

A través de los años.

Si alguna vez te encuentras un objeto muy antiguo, ya sea de hace  50 años o 500, no tendrás en tus manos una simple “cosa vieja”,  sino el vestigio de una historia, una vida, un sentimiento, un sueño. Las antigüedades tienen más valor de lo que nos imaginamos. Ellas nos hablan, nos cuentan historias. Pero no es tan fácil, no abren su boca y empiezan a hablar de repente, no. Lo que sea que nos quieran contar, tenemos que descubrirlo nosotros mismos. Y eso es lo divertido. Podemos dejar volar nuestra imaginación y tratar de descubrir de quién era ese objeto, cómo lo consiguió, qué hizo con él, de qué época era o dónde se fabricó y con qué fin. Cada objeto tiene su historia y cada persona deja un trocito de su esencia en ese objeto. Por eso me gustan tanto las cosas antiguas, y por eso nunca debemos olvidarnos de ellas, porque si lo hacemos, las personas que nos dejaron también quedarán en el olvido.

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