La vida de una mariposa es muy corta. Puede durar varios
meses o incluso varios días. Es sorprendente lo que hace la naturaleza, que
algo tan bello sea tan breve. Para una mariposa, los minutos son años. Tiene
que aprovecharlos al máximo, vivir toda una vida en muy poco tiempo para que su
venida al mundo no haya sido en vano.
Y luego estamos nosotros, seres inmensos y longevos que
desperdiciamos minutos de nuestra vida sin pararnos a pensar por un momento si
lo que estamos haciendo valdrá la pena. Ya tendremos después todo el tiempo del
mundo para arrepentirnos y empezar a actuar con cabeza. Pero, ¿y si fuéramos
una mariposa? Nuestra vida cobraría importancia y entonces sí que valoraríamos
cada segundo, cada minuto, cada hora. Intentaríamos aprovecharlos lo mejor que
pudiéramos.
Pero no somos mariposas, ¿verdad? Simplemente somos seres
superficiales y vacíos, en un mundo demasiado pequeño para nuestro enorme ego.
