sábado, 7 de diciembre de 2013

Memorias de la vejez.

El pasar de los años nunca resulta fácil. Y lo digo yo, que he visto nacer y morir a personas muy importantes en mi vida, he recorrido todos los caminos habidos y por haber, he sentido el sol acariciando mi piel y el frío helarme la sangre. He conocido los peores infortunios que un hombre jamás ha podido experimentar y también las mayores alegrías. Y ahora que mi vida está llegando a su fin, ahora que la arrugas cubren cada tramo de mi desgastada piel y mis fuerzas comienzan a flaquear, ahora es cuando pregunto ¿Y todo esto, de qué me ha servido? ¿De qué sirve haber tenido una vida larga y satisfactoria si de todas formas morirás solo y desgraciado? ¿Qué he aprendido en todos estos años? Porque, al fin y al cabo, sigo sin saber lo que la vida significa. Sigo sin conocer los misterios que esconde el mundo. Sigo como al principio, creyendo saberlo todo pero sabiendo nada en realidad. El ciclo de la vida, sí. Naces, vives y, al final, mueres. Te vas sin saber a qué has venido. Así ha sido siempre y así seguirá siendo. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario