sábado, 3 de marzo de 2018


Esos murmullos se cuelan entre mis dedos,
caen lágrimas hechas de pequeños cristales
que se unen para formar un río que me lleva
a donde los árboles nunca duermen.
Espero impaciente, pero la hora nunca llega.
Estampidas de sueños se avecinan, aunque
jamás se han marchado. Solamente esperaban
el momento idóneo para recobrar el aliento.
Nunca he dicho adiós, ni siquiera hasta luego,
la palabra “despedida” jamás ha descansado en mis labios.
Me pregunto hasta cuándo durará este sinsentido.
El mundo sigue girando bajo mis pies,
Mi cabeza continúa vagando sin rumbo
Y mi corazón… perdido, como siempre.

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