Los poemas son como el mar. Los hay rudos, desordenados,
implacables por la dificultad de escudriñar su significado intrínseco, como un
mar bravo. Otros son lisos, finos y vacíos de significado, como un mar en
calma. Por último, están los que parecen toscos a primera vista pero, cuando te
acercas a ellos, descubres que puedes deslizarte dócilmente a su merced y
entresacar las maravillas que esconden, como el mar cuando produce sus suaves ondas
a causa de la brisa matutina. Estos últimos son los más especiales y los más arduos de
encontrar.
domingo, 30 de agosto de 2015
miércoles, 26 de agosto de 2015
De huidas, sueños y decisiones.
Busco desesperadamente un intento de fuga, un resquicio
minúsculo que me haga desaparecer. Huir de estas cuatro paredes, volatilizarme
como un copo de nieve indefenso ante un
rayo de sol. Como las lágrimas cuando deciden asomar y recorrer la blanca piel
de mis mejillas. Vivo entre el miedo a despegar y las ansias de echar a volar.
Indago mil maneras de perderme y encuentro mil formas de desesperación. Canto a
la vida, a la libertad y a los sueños. Y despierto con ganas de comenzar algo
nuevo. Un nuevo viaje, una nueva aventura.
Sucede que una niña nunca deja de serlo y que por mucho que
lo intente su mente y alma no cambiarán su rumbo. Los hados lo saben, ella lo sabe, su corazón
también lo sabe. El problema es que ella sí quiere cambiar su rumbo, luchar por
algo que se agita en su interior, en la fosa profunda que reside en su ser. Lograrlo
o no lograrlo solo depende de sus decisiones.
Y las decisiones nunca son fáciles de tomar.
martes, 7 de julio de 2015
Que el destino elija por mí.
He contado los pasos que tendría que dar para perderme.
Perderme para encontrarme, para llegar al punto en el que todos mis caminos se
crucen. Para llegar al día en el que diga: Sí, este es el tiempo y el momento
correctos. Y desde entonces, simplemente dejarme llevar. Deslizarme a toda
velocidad por un tobogán con todas las cartas puestas sobre la mesa. No, mejor
coger todas las cartas y lanzarlas por los aires. Mezclarlas unas con otras y
echar a correr. Que el viento me lleve y que el destino elija por mí.
miércoles, 10 de junio de 2015
Inefable sensación.

Solamente un sentimiento: ¿Amor? No, algo que pueda producir una ciudad, una región, en definitiva, un lugar, no puede ser amor. Tiene que ser algo más, algo que va más allá de lo imaginable, algo que no se puede describir con palabras. Es un sentimiento que te hace recordar, que te evoca momentos, épocas, que nunca has vivido. Es una sensación de vacío que a la vez te llena de emoción cada vez que tu pensamiento te traslada a miles de kilómetros a aquel lugar donde sabes que te sentirás a gusto, como si hubieras nacido para pisar esa tierra llena de sabiduría, historias y promesas. No es nada fácil sentir algo así. Te pierdes en ensoñaciones, trazas con el dedo rutas imaginarias, observas con vehemencia un cielo que no es el tuyo; una roca, una columna, un trozo de mármol, son sólo trozos de un puzzle que construyes en tu mente, soñando con que algún día, quizás no muy lejano, lo podrás ver con tus propios ojos absortos y petrificados ante las maravillas que se alzan frente a ellos.
miércoles, 28 de enero de 2015
Relato: El renacer de un hada. Parte 2.
Mi trabajo consistía en la atención y cuidado de los
gorgons. Les llevaba la comida, les lavaba, limpiaba el imponente palacio de
piedra en el que vivían… No era uno de los trabajos más duros, pero era
bastante desagradable. Los gorgons no eran unas criaturas demasiado agraciadas.
Eran enormes bolas de grasa grisáceas, siempre olían mal aunque se aseasen
todos los días y se deslizaban por el suelo como gusanos gigantes. Tenían dos
diminutos brazos que poco les servían de algo y dientes afilados como cuchillas.
A pesar de su aspecto, aquellos feos y malolientes seres poseían un gran poder
y una fuerza descomunal. Pocos eran los que se atrevían a hacerles frente y
menos aún eran los que conseguían acabar con ellos.
Fregaba con repugnancia la substancia viscosa que dejaban
los gorgons allí por donde pasaban mientras contemplaba el anillo que me había
regalado Donan. Me parecía sorprendente que hubiera podido extraer y llevarse
un diamante de las minas sin que nadie se diera cuenta, pero sobretodo, que lo
hubiera hecho por mí. Rememoré con nostalgia los momentos que habíamos pasado
juntos casi desde que nacimos. Las comidas con mi familia y la suya, los juegos,
las risas, las bromas… Él había sido una parte muy importante de mi vida
anterior a la masacre, y lo único que quedaba de ella. En ese instante,
admirando la pureza y brillantez de mi obsequio y borrando las huellas de las
criaturas que tanto daño nos estaban causando, me di cuenta de cuan vacía sería
mi vida sin él. Y que era posible que en la batalla que estábamos a punto de
librar, uno de nosotros no consiguiera salir con vida.
Cayó la noche y me dirigí hacia el lugar donde habíamos
quedado en reunirnos: el lago Elven. Cuenta la leyenda que las antiguas hadas
habían surgido de aquellas aguas y desde entonces se había convertido en un
lugar sagrado. Aquella leyenda tenía mucho que ver con el ritual que estábamos
a punto de realizar. Hacía años que las hadas se habían extinguido, sin embargo
no ocurrió así con su magia. Cada cierto tiempo nace una niña destinada a ser
la heredera de las hadas; su poder permanece oculto en su interior,
aguardando el día en el que despierte y
haga renacer de nuevo a las hadas. Aquellas niñas se reconocían por sus orejas
puntiagudas, algo que caracteriza a las criaturas mágicas del bosque. Y yo era
una de ellas. En total éramos siete en nuestra aldea, y el ritual tenía como
propósito el hacer despertar nuestra magia dormida, la única capaz de
enfrentarse a la de los gorgons. Nosotras éramos el arma secreta.
Cuando llegué ya había algunas personas en la orilla del Elven.
Dos chicas me saludaron amistosamente, Gema y Niss, que también eran como yo.
Su nerviosismo se dejaba entrever por las facciones de su rostro y sus gestos
torpes. Normal, yo también estaba algo asustada. Lo que estábamos a punto de
hacer era demasiado grande e importante como para llevarlo con calma. Cuando
estuvimos todos, Reik tomó la palabra.
-Ha llegado el momento que tanto ansiábamos. Estamos a punto
de pasar a la historia, de dar un paso tremendamente importante para nuestro
futuro. Hoy, si todo sale bien, comenzará nuestro viaje hacia la libertad.
Todo el mundo aplaudió con entusiasmo. Las siete chicas nos
pusimos en línea recta y Reik y algunos más comenzaron a dibujarnos runas en
nuestro rostro, cuello y brazos. A continuación, nuestro líder abrió un libro viejo y gastado y comenzó a leer en el idioma élfico un hechizo para
despertar una magia antigua y perdida.
No noté nada. Miré hacia los lados a mis compañeras pero
parecían tan confusas como yo. El hechizo terminó y Reik volvió a hablar, pero
esta vez en nuestro idioma.
-Ya está, el siguiente paso debéis hacerlo vosotras solas.
Nosotros debemos marcharnos.
La gente comenzó a irse pero alguien quedó rezagado y caminó
hacia mí. Era Donan.
-Te deseo mucha suerte. Ya me contarás mañana qué tal la
experiencia.-Me dijo, dándome un apretón cariñoso en el hombro.
-Espero que dé resultado.
-Todo saldrá bien, no te preocupes.- Donan comenzó a
marcharse, pero yo lo detuve.
-¡Espera, Donan!- Él se giro y me miró- ¿Qué pasará si me
ocurre algo a mí? ¿Cómo me recordarás?
El sonrió y me dijo con dulzura:
-Nada en este mundo podrá hacer que te olvide, Lynn.
Y sin dejarme tiempo a contestar, desapareció entre el
oscuro ramaje del bosque.
El tercer y último paso del ritual consistía en sumergirnos
en las heladas aguas del Elven. Las primeras hadas habían nacido ahí, y ahí era
también donde naceríamos nosotras como las nuevas hadas. Nos miramos con temor
y algo de ilusión reflejados en nuestra mirada y sin decir nada nos
introducimos en la líquida superficie. Caminamos y caminamos, ignorando el frío
que penetraba en nuestros huesos y nuestra piel de gallina y cuando el agua nos
llegaba hasta los hombros, nos zambullimos. Y entonces, algo extraño sucedió.
¿Alguna vez os habéis imaginado cómo sería el renacer de un hada? Pensad en una
bomba que hubiera estado oculta durante años en algún lugar y ahora, por un
simple toque, un soplo de viento o lo que fuera se liberase en una gran
explosión llegando su onda expansiva a todos los rincones habidos y por haber.
Eso era lo que sentía yo en mi interior. Un inmenso y antiguo poder procedente
de mi corazón comenzó a expandirse por todo mi cuerpo, recorriendo cada una de
mis extremidades hasta la punta de mis dedos e incluso de mis cabellos. Noté
cómo todo mi cuerpo se paralizaba sin poder mover ni un músculo. Alcé la vista
y observé la superficie del lago alejándose cada vez más, la luz de la luna
haciéndose cada vez más diminuta y la oscuridad cerniéndose sobre mí con gran
rapidez. Entré en pánico e intenté mover mis brazos y piernas para intentar
elevarme pero era inútil. Grité con todas mis fuerzas y el agua entró por mi
boca y mis fosas nasales, ahogándome. Entonces sentí cómo me elevaba
lentamente, sin casi darme cuenta, hasta que mi cabeza rompió con la superficie
y respiré aire puro. Sin saber cómo seguí elevándome más y más hasta que me
detuve de pronto. En ese momento me di cuenta con sorpresa de que mis pies no
tocaban ninguna superficie sólida ni líquida. Estaba volando. Miré a mi
alrededor y vi a mis compañeras flotando. En su espalda, unas alas finas y casi
transparentes se movían sincronizadas. Giré mi cabeza hacia mi propia espalda y
solté un grito. ¡Tenía alas! Y eran preciosas. Pero esa no era la única
sorpresa. Mi piel brillaba, como si estuviera cubierta de cristales muy
pequeñitos, brillaba tanto que el diamante de mi anillo quedaba eclipsado. Escuché
gritos de alegría alrededor de mí.
-¡Lo hemos logrado!
-¡Al fin!
-¡Ha funcionado!
Sí, había funcionado. Ahora éramos poderosas y con nuestra
magia tendríamos posibilidades de derrotar a los gorgons. Sonreí, mientras
recordaba las palabras de mi madre, pues al fin su deseo podría hacerse
realidad. La batalla por nuestra libertad estaba a punto de comenzar. Las hadas
habían vuelto.
FIN
viernes, 16 de enero de 2015
Una fría mañana de invierno
La llama se apaga lentamente, pero entonces, con un destello
breve y luego con una llamarada que ilumina todo el lugar, vuelve a recobrar la
vida. Despacio, el calor va entrando en mis huesos y derrite todo el hielo que
ocupa mi mirada.
Otra mirada, felina, me observa desde las sombras inquieta.
-Acércate a la chimenea, preciosa.-Le insto.
La gata se adelanta un paso, y al instante corretea a través
de la alfombra y de un salto se coloca en mi regazo. El calor que desprenden
las llamas también le producen un efecto calmante y placentero. Yo sólo escucho
su dulce ronroneo y el eterno crepitar del fuego. Es un día como cualquier otro,
durante una fría mañana de invierno.
sábado, 3 de enero de 2015
Relato: El renacer de un hada. Parte 1.
“Los sonidos del caos
y la destrucción taladran mi cabeza como miles de afiladas agujas. Los gritos y
los llantos de la gente que no pudo esconderse a tiempo me llevan a la desesperación.
Yo he tenido suerte y logré introducirme por una rendija que me llevó a este
sótano oculto. Por el momento estoy a salvo, pero sé que me acabarán
descubriendo. Escribo estas palabras para ti, mi niña, mi ángel, mi hija.
Espero y deseo que no sufras el mismo destino que yo, que allí a donde te has
marchado tengas una vida feliz y carente de cualquier peligro. No sé cómo será
el futuro, si los seres que ahora nos exterminan seguirán destruyendo y matando
todo lo que encuentren a su paso. Yo sólo quiero que estés bien, es todo lo que
pido. Adiós, Lynnia. Te quiero.”
Terminé de leer la carta con lágrimas en los ojos, como me
pasa siempre que la leo. Mi madre escribió esas palabras para mí poco antes de
morir. Me gustaría pensar que lo que ella deseaba con todas sus fuerzas se
hubiera cumplido, pero no era así. Hace diez años, cuando yo tenía tan sólo
seis, unas criaturas terroríficas llamadas gorgons invadieron nuestra
aldea y eliminaron a todos los que
habitaban en ella, excepto a los niños. Uno de nuestros guardianes- los que se
encargan de proteger la aldea- reunió a los niños que pudo, entre los que me
encontraba yo, e intentó llevarnos a un lugar seguro. Cuando estábamos a punto
de cruzar la frontera del reino vecino los gorgons nos alcanzaron y nos
llevaron con ellos tras asesinar brutalmente al guardián. Todavía hoy tengo
pesadillas sobre aquel fatídico día. Ahora todo el reino de Kindra, nuestro querido
hogar, es gobernado por esos espeluznantes seres y nosotros somos sus esclavos.
Trabajamos durante horas bajo sus órdenes, nos torturan, nos humillan y, a
veces, incluso nos matan si nos negamos a obedecer. Hay días en los que la
depresión me hunde y maldigo el día en el que nací. Pero luego recuerdo que hay
que seguir luchando, aunque la esperanza casi nos haya abandonado a todos. Llegará el día en el que expulsaremos a
nuestros opresores y volveremos a ser libres.
Guardé el preciado trozo de papel bajo la almohada y salí
apresurada de la habitación. Llegaba tarde a la reunión semanal que teníamos
los pocos que estábamos dispuestos a revelarnos. Los desertores, nos llamamos.
Cualquiera con dos dedos de frente diría que todo ese asunto de la rebelión nos
viene muy grande y que es imposible que logremos nuestro propósito. Y yo
también lo pensaría si no fuera porque supiera que tenemos un arma secreta.
Corrí entre las casas ennegrecidas y semiderruidas dejando
una estela de polvo gris tras de mí y me introduje en el bosque. Teníamos pocas
horas de descanso al día y los desertores las aprovechábamos para reunirnos.
-Llegas tarde, Lynn - Me dijo Reik cuando llegué. Reik era
el mayor de todos nosotros, tenía casi veinticinco años. Por ese motivo lo
habíamos proclamado nuestro líder. Era un buen chico, pero a veces podía llegar
a ser verdaderamente insoportable.
-Lo siento.- Me disculpé mientras me sentaba en una pequeña
roca.
El chico resopló con resignación y se dirigió al resto del
grupo.
-Como iba diciendo antes de que me interrumpieran, estamos a
un paso de conseguir lo que tanto tiempo llevamos esperando. Como sabéis,
algunos de nosotros hemos consultado los antiguos libros que afortunadamente se
salvaron de aquella masacre y –sus ojos se abrieron con emoción como la de un
niño ante sus regalos de navidad y una gran sonrisa se formó en su rostro- por fin
hemos encontrado la manera de despertar la magia perdida.
Entonces el silencio se rompió y los gritos de alegría y las
risas inundaron el ambiente. Yo ya conocía la noticia, pues había participado
en la lectura de esos libros y ayudado a interpretarlos, pero acabé
contagiándome de la euforia de los demás. Era un paso importante. El más
importante, de hecho. A partir de ese momento, solo quedaba seguir las
instrucciones y saltar a la acción. De pronto, tras de mí oí una voz infantil y
muy familiar.
-¡Lynn!
Me giré sobresaltada y sonreí al ver a la pequeña niña
pelirroja que me llamaba con tanta efusividad.
-Kira, ¿qué haces aquí? Sabes de sobra que esto son cosas de
mayores y tú no puedes participar, traviesilla. Ya verás cuando se entere tu
hermano…
-Me temo que su hermano ya se ha enterado.- Detrás de Kira
apareció un joven de mi misma edad, con el pelo rojo fuego, igual que el de su
hermana. Ésta se escondió detrás de mí con cara de no haber roto un plato.
-Jolines, solo quería saludar a Lynn.- Se quejó la pequeña.
-Lo sé, pero ahora estamos en medio de un asunto muy
importante, así que como no te pires de aquí ahora mismo te echaré de cabeza al
foso de los calums.
La niña echó a correr, asustada ante la amenaza de su
hermano mayor.
-A veces eres un poco duro con ella, Donan.- Le regañé,
negando con la cabeza.
-Sólo pretendo protegerla. Sabes tan bien como yo lo
peligroso que es lo que estamos haciendo, no quiero que se entrometa.
Suspiré y le dediqué una mirada cómplice. Tenía razón, una
niña no debería inmiscuirse en asuntos como aquellos.
-Cambiando de tema, tengo algo para ti.- alegó el chico
sacando del bolsillo un objeto brillante y redondo.
-¿Es un anillo? ¿De dónde lo has sacado?- Pregunté
sorprendida.
-Lo he hecho yo.- Sus mejillas comenzaron a sonrojarse, casi
parecían del color de su pelo.
-¿Pero estás loco? ¿El diamante lo has robado de las minas,
verdad? ¿Cómo se te ocurre? ¿Y si se enteran los gorgons? ¡Te matarán, Donan!-
Exclamé yo horrorizada. Las minas eran propiedad de aquellos monstruos y,
aunque el joven era uno de los que trabajaban allí, les estaba sumamente
prohibido coger cualquier piedra, gema preciosa o gramo de tierra del lugar.
-Tranquilízate, Lynn. Nadie me ha visto. Solamente quería
que tuvieras algo por… ya sabes… por si algo me pasase. Para que me
recordaras.- Explicó con tristeza.
Cogí el anillo con dulzura.
-Donan…
En ese momento Reik volvió a hablar y yo me percaté de que
no estábamos solos. Lo había olvidado por completo.
-Ya es hora de volver al trabajo, muchachos. Esta noche nos
volveremos a reunir para dar comienzo al ritual. La batalla se acerca… ¡y
nosotros seremos los vencedores!
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