martes, 23 de julio de 2013

Me quito las sandalias y pongo los pies en la arena mientras siento la suave brisa rozando mi pelo y oigo el sonido de las olas del mar al fondo. Quema. Voy dando pequeños saltos hasta que llego a la orilla y remojo los pies en el agua. El dolor que me produce la ardiente arena se va calmando y un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Sonrío. Mis manos recorren mi vestido de color rosa decorado con unas bonitas flores blancas. Me deshago de él deslizándolo por mi cuerpo  y lo lanzo delicadamente sobre la arena. Miro hacia el horizonte y diviso en la lejanía un barco velero que surca las frías aguas en dirección a una pequeña isla donde de pequeña iba con mis padres y jugaba a ser la pirata más temible de los siete mares. Mi mente se llena de recuerdos de aquellos años felices de mi niñez, mientras una lágrima solitaria cae por mi rostro y se ahoga en el mar. “Me gustaría volver a esa isla”, pienso, “Quedarme allí para siempre y no regresar  jamás”. Comienzo a caminar y me adentro cada vez más en el mar. El agua roza mi cuerpo desnudo y la sal se impregna en mi piel. Me gusta esta sensación. Lentamente me deslizo hacia abajo hasta cubrir por completo mi cabeza. Estiro los brazos y comienzo a nadar, dejando atrás mis temores, mis sueños atormentados y mis ilusiones destrozadas. Por una vez, me siento libre.

miércoles, 17 de julio de 2013

           
                                     "... así las cretenses con pies delicados                                                                           ante el altar hermoso bailaban
                                       buscando la dulce flor de la pradera..."
                                                                           Safo de Lesbos

jueves, 11 de julio de 2013

Beauty.

La belleza es algo que siempre ha estado presente desde los tiempos más antiguos hasta ahora. Todas las épocas y culturas tienen un determinado estereotipo, un canon de belleza que todo el mundo desea seguir.  Pero me he dado cuenta, desde hace tiempo, que hoy en día el afán por ser bello está llegando a límites insospechados. Y el modelo a seguir que nosotros (sí, me incluyo) tenemos son las celebridades de la moda, del cine y de la música. Cada vez importa menos el talento y se empieza a dar más importancia al aspecto físico. Idolatramos a modelos esqueléticas y a artistas operados y retocados con photoshop. Los famosos siguen las más extrañas dietas y tratamientos de belleza y la gente les aplaude e intentan imitarlos. Y si alguno coge unos quilos de más, se le pilla sin maquillar o con alguna arruga o cualquier otro defecto, lo critican a más no poder. Viendo todo esto, a mí me surgen algunas dudas. ¿A dónde vamos a llegar si seguimos así? ¿Se convertirá la belleza en algo superior a otros valores como el talento, la amistad o el amor? Probablemente ya sea así. 


Quizás yo no sea la más indicada para hablar de este tema, ya que soy muy insegura con mi cuerpo y normalmente tengo la autoestima por los suelos. Pero soy consciente de que la verdadera belleza, la que de verdad importa, está en el interior. Yo no soy superficial con los demás. Sin embargo, conmigo misma lo soy, y mucho. Y he de reconocer, aunque me cueste admitirlo, que yo también he sentido envidia de alguna famosa por su cuerpo perfecto y su bonito rostro y he deseado con todas mis fuerzas poder ser como esa chica. Pero por otro lado, sé que eso no me debería afectar. Yo soy como soy y debería aceptar mis defectos, ya que son míos y forman parte de mí. Me gustaría que las personas dejasen de preocuparse tanto por su aspecto físico y pudieran convivir con sus defectos y virtudes, sintiéndose orgullosas de como son. Porque, al fin y al cabo, la belleza exterior es efímera y desaparece con el tiempo, pero la belleza interior siempre permanece con nosotros.