Miles de burbujas transparentes flotan en el aire, yendo de
aquí para allá, danzando sobre nuestras cabezas. En el interior de cada una de
ellas hay un sueño, una meta, una ilusión. Están tan cerca de nosotros que
podemos alzar una mano y acariciarlas, pero si lo hacemos, explotarán ante
nuestras narices y lo que guardan desaparecerá para siempre. Permanecen ahí,
inalcanzables y alcanzables a la vez. Todas las cosas que anhelamos están a un
paso de nosotros, alzamos la mirada y las vemos. Pero las burbujas deben
permanecer así, intactas, a la espera del momento adecuado para regalarnos sus
preciadas posesiones que protegen con tanto cuidado.

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