domingo, 30 de agosto de 2015

Una analogía.

Los poemas son como el mar. Los hay rudos, desordenados, implacables por la dificultad de escudriñar su significado intrínseco, como un mar bravo. Otros son lisos, finos y vacíos de significado, como un mar en calma. Por último, están los que parecen toscos a primera vista pero, cuando te acercas a ellos, descubres que puedes deslizarte dócilmente a su merced y entresacar las maravillas que esconden, como el mar cuando produce sus suaves ondas a causa de la brisa matutina. Estos últimos son los más especiales y los más arduos de encontrar.

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