Los poemas son como el mar. Los hay rudos, desordenados,
implacables por la dificultad de escudriñar su significado intrínseco, como un
mar bravo. Otros son lisos, finos y vacíos de significado, como un mar en
calma. Por último, están los que parecen toscos a primera vista pero, cuando te
acercas a ellos, descubres que puedes deslizarte dócilmente a su merced y
entresacar las maravillas que esconden, como el mar cuando produce sus suaves ondas
a causa de la brisa matutina. Estos últimos son los más especiales y los más arduos de
encontrar.
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