domingo, 27 de octubre de 2013

Burbujas.

Miles de burbujas transparentes flotan en el aire, yendo de aquí para allá, danzando sobre nuestras cabezas. En el interior de cada una de ellas hay un sueño, una meta, una ilusión. Están tan cerca de nosotros que podemos alzar una mano y acariciarlas, pero si lo hacemos, explotarán ante nuestras narices y lo que guardan desaparecerá para siempre. Permanecen ahí, inalcanzables y alcanzables a la vez. Todas las cosas que anhelamos están a un paso de nosotros, alzamos la mirada y las vemos. Pero las burbujas deben permanecer así, intactas, a la espera del momento adecuado para regalarnos sus preciadas posesiones que protegen con tanto cuidado.


sábado, 26 de octubre de 2013

Algo se oculta entre las sombras.

La luz de la luna se cuela furtivamente entre las nubes y las estrellas la acompañan en lo alto. 
La noche es fría y las extremidades se entumecen hasta casi perder la sensibilidad.
La niebla va cubriendo el paisaje impidiendo ver más allá de un par de metros.
Pasos acelerados, corazones helados, sonrisas en medio de la oscuridad.
Olas rompiendo contra la orilla, árboles azotados por el viento.
Algo se esconde entre las sombras, algo espera el momento de salir a la luz.
Entre la hierba alta de la oscura marisma, allí tiene su hogar.
No lo mires, no lo busques, no lo llames.
Sigue adelante y olvida los ojos que te vigilan las espaldas.


sábado, 19 de octubre de 2013

Bailaban las estrellas.

                                                            

Bailaban las estrellas en el firmamento, buscaban tu mirada en la penumbra y soñaban con volver a brillar tan fuerte que tus ojos se iluminasen como la estela de un cometa que se perdió allá en el norte, y que encontró su hogar en la cálida corteza de un roble solitario.

martes, 15 de octubre de 2013

¿Sueño o realidad?

Vivo en la línea que divide el sueño de la realidad. Viajo por mundos desconocidos creados por mi mente, donde no importa lo que haga porque no es real, tan sólo es una ilusión en la que me gusta refugiarme de vez en cuando. Cierro los ojos y no veo oscuridad, sino otra vida distinta a la mía. Pero de pronto doy media vuelta y la realidad choca contra mí, rompiéndome en miles de pedacitos de cristal.

Siempre intentamos huir de la realidad. Preferimos refugiarnos en los sueños, nos sentimos más seguros. En ese lugar tan anhelado podemos hacer todo lo que queramos, sin que nadie nos juzgue. Podemos ser quienes nosotros queramos ser y tirarnos al vacío sin sufrir ningún daño. El tiempo parece detenerse y la suerte está a nuestro favor.  A veces, incluso nos sumergimos demasiado en ellos. Tanto, que olvidamos la diferencia entre sueño y realidad. Olvidamos que es tan sólo una ilusión creada por nosotros, para ser felices y para olvidarnos de los problemas. Es como si viviéramos en el fondo del océano, perdiéndonos en las profundidades y alejándonos del resto del mundo, moviendo las piernas y brazos para hundirnos cada vez más. Y nos gusta ese nuevo mundo. Hay cosas que en el mundo exterior no existen. Podemos lograr todo lo que nos propongamos y siempre ganamos. Pero tarde temprano tenemos que subir a la superficie para coger aire y volver a ver más allá de nuestras narices, la vida que nos estamos perdiendo mientras vagamos en el profundo abismo bajo el mar. Es verdad que la realidad no siempre es como quisiéramos, por eso tendemos a evitarla. Pero cuanto más nos alejamos de ella, más duro se nos hace afrontarla.  Sería bonito pensar que la vida es un sueño y que nosotros elegimos nuestro destino, sin temer lo que nos pueda ocurrir en el camino.

jueves, 10 de octubre de 2013

Un regalo del cielo.

La lluvia aporrea las ventanas como queriendo entrar y el sonido se introduce en mis oídos. Me tapo más con la manta y bebo otro sorbo de mi chocolate caliente. No dan nada interesante en la tele, sólo una película aburrida y los típicos programas del corazón. Pero como la tormenta no quiere que me duerma, no tengo otro remedio que quedarme en el sofá hasta que mis ojos se me cierren del cansancio y el sueño me abrace por fin. Diviso con el rabillo del ojo la luz de un relámpago y, unos segundos después, escucho el sonido de un trueno. Dejo la taza vacía sobre la mesa y me acurruco aún más entre las mantas. Cierro los ojos y trato de conciliar el sueño. Otro relámpago, esta vez ha caído cerca. Siento una increíble energía fluyendo de algún lugar en el exterior. Un escalofrío recorre mi cuerpo. ¿Qué estará pasando allí fuera? Casi sin darme cuenta, mis pies me llevan a través del salón y abro la puerta de casa para salir a la calle. Todavía llevo mi manta a mi alrededor. Al lado de mi casa hay un pequeño bosque y me apresuro a entrar en él. No sé por qué estoy aquí, no sé qué es lo que me obliga a adentrarme más y más entre los árboles. De pronto veo el lugar donde el rayo cayó. Hay un agujero no muy profundo ni muy grande y me acerco para estudiarlo mejor. ¿Por qué habrá caído aquí?  ¿Por qué justo en este lugar? Entonces lo veo. Algo brilla en el interior la fosa. Es redondo, de metal y tiene una especie de cerrojo en el medio. Parece una especie de caja. Me pregunto de dónde habrá salido. ¿Habrá caído del cielo? Quizás el rayo no era un rayo en realidad, quizás… no, no puede ser, es imposible. O no.

Cojo el extraño objeto y lo llevo a mi habitación. Busco un lugar para esconderlo, no quiero que nadie lo vea. Será mi pequeño secreto. Un regalo del cielo.

lunes, 7 de octubre de 2013

Tras una máscara.

Tras una máscara se oculta mi nombre,
un nombre vacío, sin vida,
pero fuerte como la llama
que no se quiere apagar
Tras una máscara se oculta mi alma,
un alma que escucha el silencio,
que observa sin ver y que
lo calla todo sin querer.
Tras una máscara se oculta mi corazón,
un corazón que sueña
y que teme mostrar su color
al mundo que escapa sin razón.

martes, 1 de octubre de 2013

Qué bonito es caer.

Qué bonito es caer. La lluvia, las hojas de los árboles en otoño, los finos copos de nieve en invierno, las estrellas fugaces. Todos caen y jamás se levantan. Caen deslizándose con gracia o precipitándose al vacío, y nunca alzan la vista atrás. Caen delicadamente o con fuerza y nosotros observamos con atención su feliz y esperada trayectoria hasta el duro suelo. ¿Se arrepienten alguna vez? No. Nos saludan y descienden sobre nuestras cabezas, susurrándonos y acariciándonos, prometiéndonos que todo irá bien. “No temáis” nos dicen. “Las caídas no siempre son malas. Pueden ayudaros a aprender y a volver a empezar de cero”. Nosotros asentimos y ellos continúan su viaje. 
A veces, nos sentamos y esperamos a que todo se solucione solo, o a que alguien lo solucione por nosotros. Tenemos miedo a fallar, miedo a caer. Pero una cosa es segura, si caemos, volveremos a levantarnos, y si no, sonreiremos al mundo y gritaremos fuerte, muy fuerte que no tememos a nada. Ni siquiera a la pétrea superficie que nos espera tras nuestra caída. Seguiremos adelante y continuaremos nuestro camino en el suelo hasta que las cosas vayan mejor.