sábado, 26 de abril de 2014

Un mensaje optimista en un mundo negro.

El mundo se cae a pedazos.

Cuando miro a mi alrededor todo lo que veo es guerra, destrucción y conflictos, todo eso producto del odio que se encierra en lo más profundo de nuestro ser. No me gusta vivir en un mundo así, ¿acaso lo merecemos? ¿Merecemos una vida de sufrimiento y miedo? No voy a decir que todos somos iguales, porque es mentira, cada uno es diferente y eso es lo que nos hace especiales. Pero lo que sí es verdad, es que tenemos el mismo derecho a vivir felices. Debemos aprender a convivir, pero eso será imposible si nos empeñamos en ver el lado oscuro de las cosas, lo peor de todos nosotros y en creernos superiores. Un soldado no es más que un humilde campesino. Un presidente no es más que el pueblo. No es tan difícil de entender. Pero, afortunadamente, siempre hay pequeños detalles que me animan seguir creyendo en un mundo mejor, por muy utópico que suene. No voy a darme por vencida creyendo que todo se va a pique, porque eso es demasiado fácil. Y si todos ponemos un poco de nuestra parte sonriendo, ayudando, obrando bien y dejando el odio a un lado, puede que el mundo no sea tan malo como parece.

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