sábado, 3 de enero de 2015

Relato: El renacer de un hada. Parte 1.

“Los sonidos del caos y la destrucción taladran mi cabeza como miles de afiladas agujas. Los gritos y los llantos de la gente que no pudo esconderse a tiempo me llevan a la desesperación. Yo he tenido suerte y logré introducirme por una rendija que me llevó a este sótano oculto. Por el momento estoy a salvo, pero sé que me acabarán descubriendo. Escribo estas palabras para ti, mi niña, mi ángel, mi hija. Espero y deseo que no sufras el mismo destino que yo, que allí a donde te has marchado tengas una vida feliz y carente de cualquier peligro. No sé cómo será el futuro, si los seres que ahora nos exterminan seguirán destruyendo y matando todo lo que encuentren a su paso. Yo sólo quiero que estés bien, es todo lo que pido. Adiós, Lynnia. Te quiero.”
Terminé de leer la carta con lágrimas en los ojos, como me pasa siempre que la leo. Mi madre escribió esas palabras para mí poco antes de morir. Me gustaría pensar que lo que ella deseaba con todas sus fuerzas se hubiera cumplido, pero no era así. Hace diez años, cuando yo tenía tan sólo seis, unas criaturas terroríficas llamadas gorgons invadieron nuestra aldea  y eliminaron a todos los que habitaban en ella, excepto a los niños. Uno de nuestros guardianes- los que se encargan de proteger la aldea- reunió a los niños que pudo, entre los que me encontraba yo, e intentó llevarnos a un lugar seguro. Cuando estábamos a punto de cruzar la frontera del reino vecino los gorgons nos alcanzaron y nos llevaron con ellos tras asesinar brutalmente al guardián. Todavía hoy tengo pesadillas sobre aquel fatídico día. Ahora todo el reino de Kindra, nuestro querido hogar, es gobernado por esos espeluznantes seres y nosotros somos sus esclavos. Trabajamos durante horas bajo sus órdenes, nos torturan, nos humillan y, a veces, incluso nos matan si nos negamos a obedecer. Hay días en los que la depresión me hunde y maldigo el día en el que nací. Pero luego recuerdo que hay que seguir luchando, aunque la esperanza casi nos haya abandonado a todos.  Llegará el día en el que expulsaremos a nuestros opresores y volveremos a ser libres.
Guardé el preciado trozo de papel bajo la almohada y salí apresurada de la habitación. Llegaba tarde a la reunión semanal que teníamos los pocos que estábamos dispuestos a revelarnos. Los desertores, nos llamamos. Cualquiera con dos dedos de frente diría que todo ese asunto de la rebelión nos viene muy grande y que es imposible que logremos nuestro propósito. Y yo también lo pensaría si no fuera porque supiera que tenemos un arma secreta.
Corrí entre las casas ennegrecidas y semiderruidas dejando una estela de polvo gris tras de mí y me introduje en el bosque. Teníamos pocas horas de descanso al día y los desertores las aprovechábamos para reunirnos.
-Llegas tarde, Lynn - Me dijo Reik cuando llegué. Reik era el mayor de todos nosotros, tenía casi veinticinco años. Por ese motivo lo habíamos proclamado nuestro líder. Era un buen chico, pero a veces podía llegar a ser verdaderamente insoportable.
-Lo siento.- Me disculpé mientras me sentaba en una pequeña roca.
El chico resopló con resignación y se dirigió al resto del grupo.
-Como iba diciendo antes de que me interrumpieran, estamos a un paso de conseguir lo que tanto tiempo llevamos esperando. Como sabéis, algunos de nosotros hemos consultado los antiguos libros que afortunadamente se salvaron de aquella masacre y –sus ojos se abrieron con emoción como la de un niño ante sus regalos de navidad y una gran sonrisa se formó en su rostro- por fin hemos encontrado la manera de despertar la magia perdida.
Entonces el silencio se rompió y los gritos de alegría y las risas inundaron el ambiente. Yo ya conocía la noticia, pues había participado en la lectura de esos libros y ayudado a interpretarlos, pero acabé contagiándome de la euforia de los demás. Era un paso importante. El más importante, de hecho. A partir de ese momento, solo quedaba seguir las instrucciones y saltar a la acción. De pronto, tras de mí oí una voz infantil y muy familiar.
-¡Lynn!
Me giré sobresaltada y sonreí al ver a la pequeña niña pelirroja que me llamaba con tanta efusividad.
-Kira, ¿qué haces aquí? Sabes de sobra que esto son cosas de mayores y tú no puedes participar, traviesilla. Ya verás cuando se entere tu hermano…
-Me temo que su hermano ya se ha enterado.- Detrás de Kira apareció un joven de mi misma edad, con el pelo rojo fuego, igual que el de su hermana. Ésta se escondió detrás de mí con cara de no haber roto un plato.
-Jolines, solo quería saludar a Lynn.- Se quejó la pequeña.
-Lo sé, pero ahora estamos en medio de un asunto muy importante, así que como no te pires de aquí ahora mismo te echaré de cabeza al foso de los calums.
La niña echó a correr, asustada ante la amenaza de su hermano mayor.
-A veces eres un poco duro con ella, Donan.- Le regañé, negando con la cabeza.
-Sólo pretendo protegerla. Sabes tan bien como yo lo peligroso que es lo que estamos haciendo, no quiero que se entrometa.
Suspiré y le dediqué una mirada cómplice. Tenía razón, una niña no debería inmiscuirse en asuntos como aquellos.
-Cambiando de tema, tengo algo para ti.- alegó el chico sacando del bolsillo un objeto brillante y redondo.
-¿Es un anillo? ¿De dónde lo has sacado?- Pregunté sorprendida.
-Lo he hecho yo.- Sus mejillas comenzaron a sonrojarse, casi parecían del color de su pelo.
-¿Pero estás loco? ¿El diamante lo has robado de las minas, verdad? ¿Cómo se te ocurre? ¿Y si se enteran los gorgons? ¡Te matarán, Donan!- Exclamé yo horrorizada. Las minas eran propiedad de aquellos monstruos y, aunque el joven era uno de los que trabajaban allí, les estaba sumamente prohibido coger cualquier piedra, gema preciosa o gramo de tierra del lugar.
-Tranquilízate, Lynn. Nadie me ha visto. Solamente quería que tuvieras algo por… ya sabes… por si algo me pasase. Para que me recordaras.- Explicó con tristeza.
Cogí el anillo con dulzura.
-Donan…
En ese momento Reik volvió a hablar y yo me percaté de que no estábamos solos. Lo había olvidado por completo.
-Ya es hora de volver al trabajo, muchachos. Esta noche nos volveremos a reunir para dar comienzo al ritual. La batalla se acerca… ¡y nosotros seremos los vencedores!

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