“Los sonidos del caos
y la destrucción taladran mi cabeza como miles de afiladas agujas. Los gritos y
los llantos de la gente que no pudo esconderse a tiempo me llevan a la desesperación.
Yo he tenido suerte y logré introducirme por una rendija que me llevó a este
sótano oculto. Por el momento estoy a salvo, pero sé que me acabarán
descubriendo. Escribo estas palabras para ti, mi niña, mi ángel, mi hija.
Espero y deseo que no sufras el mismo destino que yo, que allí a donde te has
marchado tengas una vida feliz y carente de cualquier peligro. No sé cómo será
el futuro, si los seres que ahora nos exterminan seguirán destruyendo y matando
todo lo que encuentren a su paso. Yo sólo quiero que estés bien, es todo lo que
pido. Adiós, Lynnia. Te quiero.”
Terminé de leer la carta con lágrimas en los ojos, como me
pasa siempre que la leo. Mi madre escribió esas palabras para mí poco antes de
morir. Me gustaría pensar que lo que ella deseaba con todas sus fuerzas se
hubiera cumplido, pero no era así. Hace diez años, cuando yo tenía tan sólo
seis, unas criaturas terroríficas llamadas gorgons invadieron nuestra
aldea y eliminaron a todos los que
habitaban en ella, excepto a los niños. Uno de nuestros guardianes- los que se
encargan de proteger la aldea- reunió a los niños que pudo, entre los que me
encontraba yo, e intentó llevarnos a un lugar seguro. Cuando estábamos a punto
de cruzar la frontera del reino vecino los gorgons nos alcanzaron y nos
llevaron con ellos tras asesinar brutalmente al guardián. Todavía hoy tengo
pesadillas sobre aquel fatídico día. Ahora todo el reino de Kindra, nuestro querido
hogar, es gobernado por esos espeluznantes seres y nosotros somos sus esclavos.
Trabajamos durante horas bajo sus órdenes, nos torturan, nos humillan y, a
veces, incluso nos matan si nos negamos a obedecer. Hay días en los que la
depresión me hunde y maldigo el día en el que nací. Pero luego recuerdo que hay
que seguir luchando, aunque la esperanza casi nos haya abandonado a todos. Llegará el día en el que expulsaremos a
nuestros opresores y volveremos a ser libres.
Guardé el preciado trozo de papel bajo la almohada y salí
apresurada de la habitación. Llegaba tarde a la reunión semanal que teníamos
los pocos que estábamos dispuestos a revelarnos. Los desertores, nos llamamos.
Cualquiera con dos dedos de frente diría que todo ese asunto de la rebelión nos
viene muy grande y que es imposible que logremos nuestro propósito. Y yo
también lo pensaría si no fuera porque supiera que tenemos un arma secreta.
Corrí entre las casas ennegrecidas y semiderruidas dejando
una estela de polvo gris tras de mí y me introduje en el bosque. Teníamos pocas
horas de descanso al día y los desertores las aprovechábamos para reunirnos.
-Llegas tarde, Lynn - Me dijo Reik cuando llegué. Reik era
el mayor de todos nosotros, tenía casi veinticinco años. Por ese motivo lo
habíamos proclamado nuestro líder. Era un buen chico, pero a veces podía llegar
a ser verdaderamente insoportable.
-Lo siento.- Me disculpé mientras me sentaba en una pequeña
roca.
El chico resopló con resignación y se dirigió al resto del
grupo.
-Como iba diciendo antes de que me interrumpieran, estamos a
un paso de conseguir lo que tanto tiempo llevamos esperando. Como sabéis,
algunos de nosotros hemos consultado los antiguos libros que afortunadamente se
salvaron de aquella masacre y –sus ojos se abrieron con emoción como la de un
niño ante sus regalos de navidad y una gran sonrisa se formó en su rostro- por fin
hemos encontrado la manera de despertar la magia perdida.
Entonces el silencio se rompió y los gritos de alegría y las
risas inundaron el ambiente. Yo ya conocía la noticia, pues había participado
en la lectura de esos libros y ayudado a interpretarlos, pero acabé
contagiándome de la euforia de los demás. Era un paso importante. El más
importante, de hecho. A partir de ese momento, solo quedaba seguir las
instrucciones y saltar a la acción. De pronto, tras de mí oí una voz infantil y
muy familiar.
-¡Lynn!
Me giré sobresaltada y sonreí al ver a la pequeña niña
pelirroja que me llamaba con tanta efusividad.
-Kira, ¿qué haces aquí? Sabes de sobra que esto son cosas de
mayores y tú no puedes participar, traviesilla. Ya verás cuando se entere tu
hermano…
-Me temo que su hermano ya se ha enterado.- Detrás de Kira
apareció un joven de mi misma edad, con el pelo rojo fuego, igual que el de su
hermana. Ésta se escondió detrás de mí con cara de no haber roto un plato.
-Jolines, solo quería saludar a Lynn.- Se quejó la pequeña.
-Lo sé, pero ahora estamos en medio de un asunto muy
importante, así que como no te pires de aquí ahora mismo te echaré de cabeza al
foso de los calums.
La niña echó a correr, asustada ante la amenaza de su
hermano mayor.
-A veces eres un poco duro con ella, Donan.- Le regañé,
negando con la cabeza.
-Sólo pretendo protegerla. Sabes tan bien como yo lo
peligroso que es lo que estamos haciendo, no quiero que se entrometa.
Suspiré y le dediqué una mirada cómplice. Tenía razón, una
niña no debería inmiscuirse en asuntos como aquellos.
-Cambiando de tema, tengo algo para ti.- alegó el chico
sacando del bolsillo un objeto brillante y redondo.
-¿Es un anillo? ¿De dónde lo has sacado?- Pregunté
sorprendida.
-Lo he hecho yo.- Sus mejillas comenzaron a sonrojarse, casi
parecían del color de su pelo.
-¿Pero estás loco? ¿El diamante lo has robado de las minas,
verdad? ¿Cómo se te ocurre? ¿Y si se enteran los gorgons? ¡Te matarán, Donan!-
Exclamé yo horrorizada. Las minas eran propiedad de aquellos monstruos y,
aunque el joven era uno de los que trabajaban allí, les estaba sumamente
prohibido coger cualquier piedra, gema preciosa o gramo de tierra del lugar.
-Tranquilízate, Lynn. Nadie me ha visto. Solamente quería
que tuvieras algo por… ya sabes… por si algo me pasase. Para que me
recordaras.- Explicó con tristeza.
Cogí el anillo con dulzura.
-Donan…
En ese momento Reik volvió a hablar y yo me percaté de que
no estábamos solos. Lo había olvidado por completo.
-Ya es hora de volver al trabajo, muchachos. Esta noche nos
volveremos a reunir para dar comienzo al ritual. La batalla se acerca… ¡y
nosotros seremos los vencedores!
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