viernes, 16 de enero de 2015

Una fría mañana de invierno

La llama se apaga lentamente, pero entonces, con un destello breve y luego con una llamarada que ilumina todo el lugar, vuelve a recobrar la vida. Despacio, el calor va entrando en mis huesos y derrite todo el hielo que ocupa mi mirada.

Otra mirada, felina, me observa desde las sombras inquieta.

-Acércate a la chimenea, preciosa.-Le insto.

La gata se adelanta un paso, y al instante corretea a través de la alfombra y de un salto se coloca en mi regazo. El calor que desprenden las llamas también le producen un efecto calmante y placentero. Yo sólo escucho su dulce ronroneo y el eterno crepitar del fuego. Es un día como cualquier otro, durante una fría mañana de invierno.


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