Atrapada en una espiral, sólo veo espuma, terror y caos.
Tiento a la suerte, no obtengo respuesta alguna. Silencio.
Mi cuerpo arrastrado por un remolino, alzo la vista, escucho,
no sé qué es arriba y qué es abajo, el mundo está al revés,
¿quién lo ha puesto así?
Dos monstruos, dos realidades
La espada y la pared, la muerte y la muerte.
Pide un deseo, el abismo está aquí. Latente.
Me atrae hacia sus entrañas y el infierno se abre.
Un soplo furtivo, la vela se apaga. Oscuridad.
Dos monstruos, dos perdiciones.
Un pensamiento absurdo, los dados lanzados a la par.
Una oportunidad en el horizonte.
domingo, 15 de noviembre de 2020
Caribidis y Escila
sábado, 25 de agosto de 2018
Vestigia
Mantos de flores que se marchitan
su olor se impregna en nuestra piel,
una estrella cae, muerta en vida
mientras que su destello todavía se deja ver
como el lamento de una llama perdida.
Notas de una canción inmortal
parpadean en un ciclo que no encuentra su final.
Letras perennes, pensamientos inevitables
el rastro de una mente de ingenio inagotable
Restos de un mundo ancestral
que inundan de admiración el alma
de aquellos desdichados que buscan la calma
en medio de tanto alboroto, de caos abrumador
en el aquí y ahora, fugaz resplandor.
El tiempo aniquila, pero no vence.
El cuerpo se evapora, pero el recuerdo permanece.
sábado, 3 de marzo de 2018
Esos murmullos se cuelan entre mis dedos,
caen lágrimas hechas de pequeños cristales
que se unen para formar un río que me lleva
a donde los árboles nunca duermen.
Espero impaciente, pero la hora nunca llega.
Estampidas de sueños se avecinan, aunque
jamás se han marchado. Solamente esperaban
el momento idóneo para recobrar el aliento.
Nunca he dicho adiós, ni siquiera hasta luego,
la palabra “despedida” jamás ha descansado en mis labios.
Me pregunto hasta cuándo durará este sinsentido.
El mundo sigue girando bajo mis pies,
Mi cabeza continúa vagando sin rumbo
Y mi corazón… perdido, como siempre.
lunes, 11 de julio de 2016
Cuando vivir no es suficiente.
Huyen. Huyen de la guerra. Huyen con lo único que les queda:
esperanza y ganas de vivir, aunque a medida que avanzan también lo acaban
perdiendo. Vivimos en un mundo apático, que sólo se preocupa por el bienestar
propio y el de los suyos, que vive en su burbuja de felicidad mientras el mundo
más allá de sus fronteras arde. Creemos que somos los dueños de todo, el centro
del universo, pero no. Somos personas, y como nosotras, hay millones más. Pero
nuestro etnocentrismo no nos deja verlo. Miles de personas viajan día tras día
sin descanso, por mar y por tierra, algunos se quedan en el camino y a los
demás los trasladan a una jaula. No los queremos con nosotros, pero tampoco
pueden regresar a sus hogares. Están en el limbo, en tierra de nadie,
condenados a vivir como criminales, como repudiados, cuando su único “crimen”
fue haber nacido en el lugar y momento equivocados. Vivimos en un mundo en el
que los culpables son libres y los inocentes prisioneros. Un mundo donde al que
no tiene nada se le rechaza y al que lo tiene todo se le alaba. Lo peor es que
siempre ha sido así y eso no va a cambiar por mucho que lo intentemos. Ya he
desistido en creer en un mundo mejor porque el ser humano es egoísta por
naturaleza, por fin lo he aprendido. Pero como la esperanza es lo último que se
pierde, me seguiré aferrando a las buenas personas que sí hacen de este un
mundo mejor, y sobre todo, mi corazón estará con esa gente que sin pretenderlo
se ha visto perdida en la nada, con la esperanza dibujada en sus ojos,
preguntándose por qué el mundo los odia, por qué a ellos.
lunes, 15 de febrero de 2016
Se despertó de un sueño profundo...
Se despertó de un sueño profundo tan largo como una noche de invierno, rodeada
de rosas que olían a melancolía. Sus labios resecos se separaron lentamente para dejar salir un
quejido minúsculo, débil, con un regusto a polvo y a caducidad. Sus
extremidades permanecían inertes, como los de una momia milenaria, pero su
corazón latía vehemente atrapado en un cascarón que le venía pequeño. Sus ojos
escudriñaban el techo abovedado brillando
de emoción, con la alegría de estar vivos de nuevo. Eran de un azul turquesa
que helaba el alma de quienes los contemplaban por primera vez, con una fina
línea acastañada en el iris. Sus cabellos negros se esparcían por el césped en
múltiples direcciones, como serpientes que se arrastran en busca de una luz que
les proporcione ese libre albedrío que tanto ansían. Parecía una eternidad el
tiempo que había pasado desde que cerró los ojos por última vez, pero no se
imaginaba que tan sólo un instante hace falta para perderse en ese remolino
voraz que es el tiempo. Una lágrima fugitiva resbaló hasta morir en una de las rosas. Su mente había empezado a divagar, pero no logró encontrar ni un indicio de sus pensamientos, ni siquiera de los más insubstanciales. Trató de profundizar en sus emociones, sus recuerdos, pero no halló absolutamente nada. Había pasado tanto tiempo, que había olvidado cómo soñar.
domingo, 30 de agosto de 2015
Una analogía.
Los poemas son como el mar. Los hay rudos, desordenados,
implacables por la dificultad de escudriñar su significado intrínseco, como un
mar bravo. Otros son lisos, finos y vacíos de significado, como un mar en
calma. Por último, están los que parecen toscos a primera vista pero, cuando te
acercas a ellos, descubres que puedes deslizarte dócilmente a su merced y
entresacar las maravillas que esconden, como el mar cuando produce sus suaves ondas
a causa de la brisa matutina. Estos últimos son los más especiales y los más arduos de
encontrar.
miércoles, 26 de agosto de 2015
De huidas, sueños y decisiones.
Busco desesperadamente un intento de fuga, un resquicio
minúsculo que me haga desaparecer. Huir de estas cuatro paredes, volatilizarme
como un copo de nieve indefenso ante un
rayo de sol. Como las lágrimas cuando deciden asomar y recorrer la blanca piel
de mis mejillas. Vivo entre el miedo a despegar y las ansias de echar a volar.
Indago mil maneras de perderme y encuentro mil formas de desesperación. Canto a
la vida, a la libertad y a los sueños. Y despierto con ganas de comenzar algo
nuevo. Un nuevo viaje, una nueva aventura.
Sucede que una niña nunca deja de serlo y que por mucho que
lo intente su mente y alma no cambiarán su rumbo. Los hados lo saben, ella lo sabe, su corazón
también lo sabe. El problema es que ella sí quiere cambiar su rumbo, luchar por
algo que se agita en su interior, en la fosa profunda que reside en su ser. Lograrlo
o no lograrlo solo depende de sus decisiones.
Y las decisiones nunca son fáciles de tomar.
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