jueves, 10 de octubre de 2013

Un regalo del cielo.

La lluvia aporrea las ventanas como queriendo entrar y el sonido se introduce en mis oídos. Me tapo más con la manta y bebo otro sorbo de mi chocolate caliente. No dan nada interesante en la tele, sólo una película aburrida y los típicos programas del corazón. Pero como la tormenta no quiere que me duerma, no tengo otro remedio que quedarme en el sofá hasta que mis ojos se me cierren del cansancio y el sueño me abrace por fin. Diviso con el rabillo del ojo la luz de un relámpago y, unos segundos después, escucho el sonido de un trueno. Dejo la taza vacía sobre la mesa y me acurruco aún más entre las mantas. Cierro los ojos y trato de conciliar el sueño. Otro relámpago, esta vez ha caído cerca. Siento una increíble energía fluyendo de algún lugar en el exterior. Un escalofrío recorre mi cuerpo. ¿Qué estará pasando allí fuera? Casi sin darme cuenta, mis pies me llevan a través del salón y abro la puerta de casa para salir a la calle. Todavía llevo mi manta a mi alrededor. Al lado de mi casa hay un pequeño bosque y me apresuro a entrar en él. No sé por qué estoy aquí, no sé qué es lo que me obliga a adentrarme más y más entre los árboles. De pronto veo el lugar donde el rayo cayó. Hay un agujero no muy profundo ni muy grande y me acerco para estudiarlo mejor. ¿Por qué habrá caído aquí?  ¿Por qué justo en este lugar? Entonces lo veo. Algo brilla en el interior la fosa. Es redondo, de metal y tiene una especie de cerrojo en el medio. Parece una especie de caja. Me pregunto de dónde habrá salido. ¿Habrá caído del cielo? Quizás el rayo no era un rayo en realidad, quizás… no, no puede ser, es imposible. O no.

Cojo el extraño objeto y lo llevo a mi habitación. Busco un lugar para esconderlo, no quiero que nadie lo vea. Será mi pequeño secreto. Un regalo del cielo.

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