La lluvia aporrea las
ventanas como queriendo entrar y el sonido se introduce en mis oídos. Me tapo
más con la manta y bebo otro sorbo de mi chocolate caliente. No dan nada
interesante en la tele, sólo una película aburrida y los típicos programas del corazón.
Pero como la tormenta no quiere que me duerma, no tengo otro remedio que
quedarme en el sofá hasta que mis ojos se me cierren del cansancio y el sueño
me abrace por fin. Diviso con el rabillo del ojo la luz de un relámpago y, unos
segundos después, escucho el sonido de un trueno. Dejo la taza vacía sobre la
mesa y me acurruco aún más entre las mantas. Cierro los ojos y trato de
conciliar el sueño. Otro relámpago, esta vez ha caído cerca. Siento una
increíble energía fluyendo de algún lugar en el exterior. Un escalofrío recorre
mi cuerpo. ¿Qué estará pasando allí fuera? Casi sin darme cuenta, mis pies me
llevan a través del salón y abro la puerta de casa para salir a la calle.
Todavía llevo mi manta a mi alrededor. Al lado de mi casa hay un pequeño bosque
y me apresuro a entrar en él. No sé por qué estoy aquí, no sé qué es lo que me
obliga a adentrarme más y más entre los árboles. De pronto veo el lugar donde
el rayo cayó. Hay un agujero no muy profundo ni muy grande y me acerco para estudiarlo
mejor. ¿Por qué habrá caído aquí? ¿Por
qué justo en este lugar? Entonces lo veo. Algo brilla en el interior la fosa.
Es redondo, de metal y tiene una especie de cerrojo en el medio. Parece una
especie de caja. Me pregunto de dónde habrá salido. ¿Habrá caído del cielo?
Quizás el rayo no era un rayo en realidad, quizás… no, no puede ser, es
imposible. O no.
Cojo el extraño objeto y lo llevo a mi habitación. Busco un
lugar para esconderlo, no quiero que nadie lo vea. Será mi pequeño secreto. Un
regalo del cielo.
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