Se relamió los restos de sangre que le resbalaban por la
boca. El pequeño conejo había corrido por salvar su vida, pero no lo suficiente
para evitar su muerte. Su sangre fresca y su deliciosa carne habían servido
para aliviar su hambre y su sed, pero eso sólo era un pequeño aperitivo.
Necesitaba más. Alzó la cabeza para divisar alguna otra posible presa y su
olfato captó la presencia de un olor dulce y diferente. Un olor humano. Movido
por su ansia de sangre echó a correr por el espeso bosque en dirección a aquel
olor tan apetecible. Estaba cerca. Podía oír los latidos de su inocente
corazón.
Ella se paró en seco ante el enorme lago. Al final reconoció
lo que llevaba negando desde hace rato. Se había perdido. Se dirigió hacia las
aguas cristalinas y se agachó para lavarse el rostro. Estaba sudando por el
terror y su corazón le latía a mil por hora. “¿Quién me mandaría adentrarme en
el bosque de noche y sola?” se preguntó. Definitivamente era imbécil. Estaba
contemplando la superficie tranquila del lago cuando de repente sintió un
escalofrío que le puso los pelos de punta. Tenía la sensación de que alguien o
algo a sus espaldas la estaba observando. Lentamente se puso en pie y se giró.
Entre los árboles logró ver a la luz de la luna unos ojos aterradores que la
miraban. Ella quería gritar, pero no fue capaz de pronunciar sonido alguno;
quería correr, pero sus temblorosas piernas no le respondían. La bestia dio un
paso y pudo verla con claridad. Era una criatura enorme de aspecto parecido al
de un lobo, pero más fiero. Restos de sangre se deslizaban por los colmillos
hasta precipitarse por la barbilla y finalmente caían sobre la hierba. Tenía
una mirada petrificante y extrañamente humana. Con un esfuerzo sobrehumano
consiguió que sus piernas le respondieran y comenzó a correr como nunca antes
lo había hecho. Notaba como la inmensa criatura la perseguía. Sabía que no iba a
poder aguantar mucho más. Tarde o temprano la alcanzaría.
La presa era rápida, pero él lo era más. De pronto un
obstáculo en el camino provocó la caída de su presa. Era el momento, no podía
dejar escapar la oportunidad. Se acercó a ella y empezó a olerla. Era un olor
delicioso. Miró sus ojos asustados. Sin saber por qué le parecían curiosamente
familiares. La presa estaba aterrorizada y eso le gustaba. Le atraía el olor
del miedo. Disfrutaba con el sufrimiento y los gritos de dolor de sus víctimas.
La presa intentó levantarse, pero él no se lo permitió. Hincó sus afilados dientes
en su carne. La presa chillaba y se retorcía, pero era en vano. Él succionaba
su sangre lentamente y devoraba su blanda y deliciosa carne, hasta que su
corazón dejó de latir y su respiración se detuvo.
La luna los contemplaba atentamente desde el cielo nocturno,
observando la escena en silencio.
La luna, que hermosa testigo para esa escena...
ResponderEliminarMe gusto mucho.
Saludos!
Desde la oscuridad. Honey Minage.
Gracias! Me alegro de que te guste:)
EliminarUn beso
Wow, me ha sorprendido el final, pero realmente me ha gustado un montón!
ResponderEliminarUn beso, me paso ♥
PD: Aprende a bailar bajo la lluvia
¡Muchas gracias!
EliminarUn beso^^