Hoy voy a escribirle de nuevo a la luna. Es ella la que me
inspira, la que me anima a sonreír. Siempre está ahí, aunque a veces no pueda
verla. Y aunque la noche me asuste, ella me acompaña y me consuela, aleja todos
los males que hay en mi corazón.
Ojos de plata, la llaman
Profundos suspiros en la noche
Mudos aullidos a lo lejos se oyen
Un manto de estrellas doradas
Cubre su hermosura alada
Observando en silencio
Siempre en su alta atalaya
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