Temblando me hallo como si de cristales de hielo estuviera mi cuerpo formado.
Mis párpados se cierran del cansancio pero el sueño no quiere hacerse dueño de
mí por el momento. Mi piel es blanca, mi pelo también está perdiendo el color.
Mis labios se tornan de un color morado, mis músculos deciden permanecer
quietos, como estatuas de piedra. No puedo moverme, no puedo sentir, no puedo
casi respirar. La nieve que me rodea se va incrustando en mi piel. Ahora solo
queda esperar a que el sol salga de nuevo y yo vuelva otra vez a la vida. Pero
mientras, los días pasarán y yo no me daré cuenta. Estaré sumida en un profundo letargo
hasta el fin del helado invierno.

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