Frío. Eso es lo único que recorre mi cuerpo.
Y miedo. Mucho
miedo.
Camino despacio por el estrecho pasillo.
Mis pies descalzos rozan el
suelo helado
y mis ojos intentan, en vano, acostumbrarse a la oscuridad.
En lo
único que piensa mi mente es en escapar
de este mar de frustración y terror.
Sigo caminando.
Ahora cada vez más rápido.
El pasillo parece interminable
pero
al fin me topo con una puerta cerrada.
Levanto una mano temblorosa.
Agarro con
fuerza el pomo y lo giro sin apartar la vista.
Al otro lado de la puerta, en medio de la penumbra,
mis ojos perciben una luz.
Una luz tenue apenas perceptible pero
que está ahí, esperándome.
Me dirijo hacia ella. Ya estoy cerca, puedo
sentirla.
Estiro el brazo lo máximo que puedo.
Quiero tocarla, quiero sentir su
calor.
Quiero escapar de esta oscuridad que me rodea.
Cuando sentimos que la oscuridad nos absorbe siempre hay una
luz que nos libera y nos lleva al exterior. Solo tenemos que encontrarla y
dejar que nos guíe.

que razon tienes, nos da miedo que nos guie, supongo que por miedo al fracaso.
ResponderEliminarUn beso! May R Ayamonte∞
Hola Sisi. Me ocultas cosas eh!! ¬¬ XD bueno, que escribes genial chuli. Sabes que te quiero!!
ResponderEliminarJajaja era mi pequeño secreto ^^ Muchas gracias por comentar, yo también te quiero!! Un beso
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